El Renacimiento nórdico es el término utilizado para describir al Renacimiento en el norte de Europa, o más ampliamente, fuera de Italia. Antes de 1500 el Renacimiento italiano no había tenido casi influencia fuera de Italia. Después de ese año se expandió por Europa, pero las influencias del gótico tardío permanecieron hasta la llegada del Barroco.1
En Francia, el rey Francisco I importó el arte italiano, encargó obras a grandes artistas (incluido Leonardo Da Vinci), y construyó a buen costo grandes palacios, iniciando el Renacimiento francés. Muchos escritores como Rabelais y Pierre de Ronsard abrevaron en el espíritu del renacimiento italiano. Desde Francia, el movimiento se difundió a los Países Bajos, al Sacro Imperio Romano Germánico y Escandinavia con el Renacimiento alemán, y finalmente a Britania a fines del Siglo XVI. Durante el Renacimiento inglés, (que se superpuso a la era isabelina) escritores como William Shakespeare y Christopher Marlowe compusieron obras de influencia duradera. El Renacimiento fue llevado a Polonia directamente desde Italia por artistas de Florencia, iniciando el Renacimiento polaco. El Renacimiento nórdico se diferenció del italiano por su centralización del poder político. Mientras que Italia estaba constituida por ciudades-estado independientes, los países de Europa central y Europa occidental estaban emergiendo como estados-nación. El Renacimiento nórdico estuvo también muy ligado a la reforma protestante, y la larga serie de conflictos internos y externos entre varios grupos protestantes y la Iglesia Católica Romana.
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